El día que decidí volver a escribir

Han pasado muchos meses desde que dejé de escribir en mi blog o en mi LinkedIn sobre los temas que me apasionan: el medio ambiente, el cambio climático, la energía sostenible y de cómo las tecnologías de la información y comunicación (TIC) pueden ayudar a que vivamos en un medio ambiente sano y libre de contaminación. Incluso en twitter ya no soy tan activa como antes. Por suerte mis seguidores aún se alegran de mis tweets y no me han eliminado de sus listas. 

En los últimos meses, he reflexionado sobre cuál ha sido la causa para no seguir escribiendo y así tratar de empezar de nuevo. He hecho un análisis causa-raíz como buena Ingeniera Ambiental que soy y creo que aún no lo tengo claro. Considero que es un mix de razones personales y profesionales acompañadas de un poco de languidez. La falta de tiempo no es justificación, ni tampoco el nuevo trabajo o la mudanza de España a Alemania. Menos aún la pandemia, pues gracias a ella mi tiempo frente al ordenador ha aumentado de manera significativa. 

En primer lugar, creo que ha sido la gran cantidad de información que nos bombardea a través de las redes. Hay tantos artículos, noticias, eventos, publicaciones, etc; que es imposible llegar a todo. Asimismo, hay tanta publicidad de empresas haciendo cosas y tantos profesionales hablando con o sin conocimiento de los temas ambientales y de cambio climático, que uno se pregunta ¿para qué escribir?. Gracias a los viernes por el futuro #fridaysforfuture de Greta Thumberg o a la locura de Donald Trump de que EE.UU abandone el Acuerdo de París, lo políticos, directivos de empresas, artistas, youtubers y algunos ciudadanos se han tomado el tema ambiental enserio. Sin embargo, como dice el léxico popular, "del dicho al hecho hay mucho trecho" y quienes venimos trabajando en estos temas durante más de 15 años, sabemos que existe el riesgo de que tanta buena intención no se materialice en nada concreto, medible o sostenible en el tiempo. 

El segundo motivo en cambio tiene que ver con que a pesar de que existe mucha información, esta no llega a las personas adecuadas. En el ámbito laboral en el que me desempeño ahora -el de la sostenibilidad urbana-, me he encontrado con profesionales para quienes las tecnologías TIC, los sistemas inteligentes de transporte, los análisis especializados de datos, la inteligencia artificial o los servicios de smart cities son algo nuevo y desconocido. Tal vez para ellos, pero para mí es algo tan común, que no puedo creer que estos temas todavía sigan causando novedad y generando oportunismos profesionales de gente que nunca ha trabajado en ello. Por esto, creo que es necesario comunicar efectivamente que las tecnologías y la digitalización en pro de la sostenibilidad ambiental a nivel de ciudad, en empresas o en nuestra propia casa, vienen desde hace ya más de una década abriéndose camino en este mundo tan cambiante. 

En tercer lugar, creo que este año de pandemia también ha influido de manera positiva para motivarme a escribir y compartir lo poco que sé y las cosas que voy aprendiendo día a día. Durante todo este tiempo de confinamiento y teletrabajo, el impacto positivo de las tecnologías en el ambiente y el cambio climático al fin ha sido valorado. Ahora, conocer las tecnologías verdes, inteligentes y sostenibles ya no es algo nuevo para los líderes políticos, sociales o empresariales y menos aún para los ciudadanos, por lo que el debate podría ser más enriquecedor. Esto me ha permitido recuperar parte de la ilusión de poner en valor las cosas buenas aprendidas y las que aún quedan por explorar en mi vida profesional. 

Finalmente, creo que algunas experiencias personales que he vivido en los últimos meses me han hecho nuevamente pensar que aún puedo contar historias ambientales y de lucha contra el cambio climático verdaderas. Hoy resido en una ciudad verde y sostenible, vivo en un país en el que el control de la contaminación forma parte del ADN de la mayoría de las empresas y los gobiernos locales, donde hay un marco regulatorio claro que se cumple y en el que nuevas innovaciones ambientales nacen cada día. Por temas de salud tuve que estar desconectada del trabajo casi un mes entero y pude entender lo afortunada que soy y recordar de donde vengo y hacia donde voy. Si bien el camino es incierto, sé que aún tengo la ilusión de apoyar el hombro para hacer de este planeta un lugar mejor, en donde podamos compartir tiempo de calidad con nuestra familia y amigos gozando de una buena salud y una vida más green. 

Además de todo esto, una cosa más me motivó a escribir nuevamente. Tuve la suerte de leer el Libro Lección de Africa, escrito por mi gran amigo, Ignacio González-Blanch, en el que narra sus experiencias de años de trabajo en un maravilloso continente del que tanto desconocemos. Me encantó, pues me di cuenta de que únicamente si las experiencias se escriben, podrán recordarse detalles, podrán perdurar y llegar a muchas más personas. Y para cerrar los motivos, es verdad también que ahora tengo un nuevo ordenador que además de poderoso, es energéticamente eficiente, liviano y fabricado con materiales sostenibles según las especificaciones técnicas del fabricante. 

He evolucionado y como dicen en España creo que he me he hecho mayor. Ahora ya no quiero escribir de cambio climático para convencer a nadie de que este es cierto, sino escribir sobre acción climática y ambiental, sobre experiencias y ejemplos claros de lucha contra la contaminación, de un desarrollo energético sostenible real y sobre todo del potencial de unas tecnologías que usamos cada día. Ya no ansío una gran oficina, un gran puesto ejecutivo que me tenga en una oficina 24/7, ya no quiero tampoco grandes viajes de negocios. Ahora solo quiero continuar trabajando en proyectos e iniciativas con sentido, con impacto. Mi meta es seguir aprendiendo y avanzando cada día a tratar de encontrar soluciones a problemas ambientales y de cambio climático reales. Y aunque añore tiempos pasados en ciudades lejanas, se que los años que vienen me darán muchas experiencias más que compartir.

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